
Jesús reúne a sus doce apóstoles. Sabe lo que se avecina y les pide que le recuerden cuando coman y beban. Observando sus expresiones de incomprensión, Jesús monta en cólera y les dice que debe estar loco al pensar que alguno de ellos le recordará cuando haya muerto. Se dirige a Pedro diciéndole que negará incluso el haber conocido a Jesús al final de la noche y revela también que uno de sus apóstoles le traicionará. Judas se levanta, se enfrenta a Jesús y empieza una discusión entre ambos. Jesús insta a Judas a seguir con sus planes y Judas acusa a Jesús de haber arruinado todo lo que habían conseguido juntos.
Solo, Jesús medita su destino, preguntándose si puede seguir adelante con lo que sabe va a ocurrir durante los próximos tres días.
Llegan los soldados. Judas traiciona a Jesús con un beso. Los soldados arrestan a Jesús y lo conducen ante Caifás, el sumo religioso.
Tres personas reconocen a Pedro como uno de los seguidores de Jesús. Éste lo niega cada vez, tal como había dicho Jesús que haría.
Jesús es conducido ante Pilato, quién no considera que Jesús esté bajo su jurisdicción y manda a sus soldados llevarlo ante Herodes.
Herodes ha oído hablar de los milagros que Jesús ha realizado y quiere que le pruebe que realmente es divino transformando su agua en vino o andando sobre su piscina. Jesús permanece en silencio. Furioso, Herodes echa a Jesús de su casa.
Con Jesús encerrado en una celda, María y los apóstoles se dan cuenta de que todo en lo que habían creído se ha estropeado. Les gustaría poder volver atrás y empezar de nuevo.
Apaleado por los soldados, Jesús es dejado medio muerto. Judas lamenta todo lo que ve y se da cuenta de que será maldecido por lo que está pasando. Adivina que es parte de un gran plan, que Dios le empuja hacia su destino y que no tiene poder para cambiarlo. Desesperado, Judas se suicida.
Jesús es de nuevo conducido ante Pilato. Una multitud, liderada por los religiosos, grita pidiendo su crucifixión. Pilato cree que el hombre que tiene delante no ha hecho nada malo. Pregunta a Jesús si es el Rey de los Judíos a lo que Jesús simplemente responde “eres tú quién lo dice”. Para calmar a la multitud, Pilato le castiga con treinta y nueve latigazos.
Jesús, entre delirios, es sorprendido por una alucinación en la que Judas le pregunta cómo se le ha podido escapar todo de las manos y si realmente es quién dice ser.
Condenado por Pilato, Jesús es crucificado.

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